In memoriam

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El pasado martes nos dejó Begoña González Palacio, que junto a su marido Santiago Porrúa, estuvo al frente de la Librería de Lance durante 45 años. Formaban los dos una pareja singular, nada al uso, como tampoco lo es su hija Geri, amiga mía desde hace muchos años y que espero que continúe con el oficio. Eran libreros de los de antes, acostumbrados a bregar en este mundo del libro que necesita de una gran dosis de vocación y pasión para defenderse en él. Lamentablemente Santi nos dejó hace ya muchos años, fue un golpe duro para toda la familia pero siguieron adelante. Begoña era una mujer “encantadoramente asocial” tal como la definió su hija este viernes en el funeral. No era amiga de camarillas, ni era políticamente correcta, pero era una mujer íntegra, fiel a sus principios, muy culta, con una curiosidad inagotable, en seguida te dabas cuenta de que estabas junto a una persona interesante, a la que merecía la pena escuchar, con la que podías conversar eternamente de libros, de cine (era una adicta al cine), de viajes o de política. Quizá el haberse criado en Argentina haya sido un factor decisivo en la formación de su personalidad. Cuando llegó a Bilbao con apenas 18 años, enseguida chocó con la sociedad bilbaína, un tanto pacata como lo era en realidad toda España. Begoña fumaba, llevaba pantalones, hacía teatro, .

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